viernes, 20 de abril de 2012

Lo que dejó Bahía

     El paso de los seleccionados de La Pampa por sendos argentinos de mayores, el fin de semana anterior, en Bahía Blanca, dejó  conclusiones y la primera que nos viene es que, después de un tiempo, las sonrisas y la satisfacción han vuelto a aparecer, ya no sólo por la ratificación de que el femenino está en condiciones de pelear siempre arriba sino porque ahora los de amarillo en masculino han ratificado como selección lo que a nivel clubes venía quedando claro en las últimas competencias nacionales, que está también La Pampa para prenderse en la pelea grande, siempre reconociendo cierto techo y limitaciones.
     Aún con ausencias significativas de apellidos que por sí solos indican mayor jerarquía y experiencia, es decir aportarían a un mayor poderío, La Pampa volvió a la pelea importante, plantándose como en épocas pasadas de igual a igual ante los grandes, complicándoles el habitual fácil transcurso hacia la cima y metiendo otra vez un pié en el podio, como lo marca la historia.
     Y lo hizo en un marco de tranquila convivencia en el grupo de jugadores de todos los colores de camisetas y también mostrando una sana renovación, con la ratificación y aparición de jóvenes que ya están para la batalla en serio y tienen por delante mucho tiempo aún para crecer, mejorar y aspirar incluso a estar más arriba. Con algunas importantes figuras, aún jóvenes pero ya maduras en estas tenidas, y el aporte de los chicos, La Pampa logró componer un papel más que aceptable.
     No vamos a esquivar hacer nombres propios. Tuvieron picos muy altos Mariano Mayoral, impecable con el guante en segunda base y mostrando todo su repertorio en ataque; Huemul Mata, transformándose en la referencia principal en el círculo de pitcheo frente a la ausencia de su hermano Lucas, capaz de enfrentar a  los mejores y empezar a ponerse a su altura y Damián Cerezal, notable con el bate, autor de cuatro jonrones y disimulando en defensa con su despliegue algunas impurezas en su técnica.
      El resto, un muy buen trabajo de acompañamiento general, con algunos picos altos como Matías Faixas (poder en bateo), Nahuel Rojas (gran complemento como lanzador y también firmando un valioso jonrón ante Paraná, nada menos) y un sobrio  pero regular en todos los aspectos del juego David Fernández, el “otro” juvenil que viste de celeste y blanco pero que esta vez lo hizo con la casaca de su provincia. Y no es que el  resto no haya aportado, lo hizo en menor medida pero siempre mostrando un encomiable espíritu positivo y haciendo lo posible por el equipo, más allá de la eficiencia alcanzada.
      En femenino, La Pampa mantuvo el tercer puesto que había alcanzado los dos años anteriores, en Paraná y nuestra propia casa. Los cambios estuvieron en los rivales. Asba porque recuperó el título que había perdido un año atrás en el Arnaldo Gómez, a manos de un Paraná que mostró significativas ausencias y que, con un equipo muy juvenil, no pudo aguantar el rigor de la competencia en este nivel. Y porque Bahía, local, se había quedado con la sangre en el ojo y tomó revancha, especialmente de La Pampa, que en las dos últimas ediciones se había transformado en el verdugo y lo había relegado al cuarto lugar.
       En lo específico, y por si hacía falta, quedó una vez muy claro que la base de esta selección, formada por mayoría de jugadoras de Butaló, es una cosa con Virginia Sciuto y otra sin ella. Y que el aporte de las hermanas Martínez, es otro punto clave.
       Las circunstancias del momento le pusieron condicionamiento al rendimiento, traducido esto en lesionadas antes y durante el desarrollo del torneo, que dejaron al cuerpo técnico muchas veces con poco margen de maniobra. Especialmente porque las afectadas eran del grupo de las casi irreemplazables.
       Celeste Vega llegó con un esguince de tobillo, su hermana Belén afectada por una fuerte anginas y durante el desarrollo Micaela Martínez sufrió un percance con su salud que motivó atención hospitalaria, Virginia Sciuto un golpe que derivó en yeso para una de sus manos y Florencia Urdaniz un desgarro que la dejó afuera de la semifinal, a la postre el juego más importante y que fue, al ser cedido, el último.
       Esos nombres, junto a Juliana Martínez, fueron, sin embargo, por lejos los más destacados. El resto hizo aportes menores, lejos algunas de su mejor forma (Rocío Galdame) y otras claramente estancadas en la mediocridad.
      Sin dudas que los notables jonrones que batearon Celeste (dos) y Sciuto, más algunos otros aportes importantes en ese departamento, más su carácter de lanzadoras, las pone en un peldaño alto, pero el notable trabajo de Juliana Martínez en los dos planos del juegos; lo que produjo Florencia Urdaniz especialmente en ataque y en parte jugando ya lesionada; y lo que le ofreció Belén Vega al equipo, con su anginas a cuestas y tanto como cátcher como en ataque, no son cosas que deban pasarse por alto ni que estén en plano de inferioridad con lo que hicieron las dos primeras. Como tampoco lo es al cabo, el esfuerzo de todo el grupo que, al igual que el masculino, le puso el hombro y más allá de la eficacia no se guardó nada.
        En definitiva, otra vez la muestra del potencial con que se cuenta y que con trabajo y armonía se puede crecer.

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